lunes, 7 de enero de 2013


Cuando eres o quieres ser emprendedor vemos que la vida se llena de conceptos nuevos y curiosos. Hace unos meses mi cabeza no tenía en su interior ninguna idea sobre DAFO, RATIOS, PLANES DE NEGOCIO… y millones de términos que sin duda os empezarán a resultar conocidos o que en el más práctico de los sentidos… vais a necesitar aprender. Necesitaremos echarle mucho valor y mucho coraje...
 
Bien, el emprendedor es un ser vivo más de un ecosistema no tan vivo como es el económico. Y todos los seres vivos tienen sus aliados, colaboradores y sus enemigos (o por ponernos en plan Félix Rodríguez de la Fuente) sus depredadores. Cada emprendedor tiene sus enemigos… pero es importante identificarlos y saber qué influencia o poder pueden ejercer sobre nuestro proyecto.
Hay quien puede ejercer esa influencia negativa a través de falta de soporte. Seamos sinceros, tuvimos nuestro momento  de epifanía y tenemos nuestra idea. Pero (después de apuntarla, por supuesto) tenemos la necesidad de compartirla… puede ser con nuestra familia, con nuestros amigos o parejas. Esperamos que nuestra idea levante el entusiasmo que nosotros sentimos. El apoyo incondicional por supuesto puede surgir. Pero…. antes o después encontraremos un espectro  negativo de ideas que van desde un sombrío pesimismo que pesa como una losa de mármol a simple e irritante indiferencia.
Un exceso de Realismo (que ya he cubierto anteriormente) al ver que el panorama  socio-económico no es precisamente el mejor, es un poderoso enemigo.  
Pero al final, el peor enemigo de un emprendedor… es él o ella mismo. Nuestros temores, nuestra perspectiva son el primer obstáculo que debemos vencer. Porque si no podemos convencernos a nosotros mismos de la viabilidad o productividad de nuestro proyecto… cómo podríamos convencer a otros de hacerlo.  Y de verdad, sin la confianza suficiente no iremos muy lejos… porque al primer viso de las dudas de los demás (ya sea por palabra o acción) nos quedaremos paralizados y llenos de dudas. Será como quedarse pegado en cemento fresco y cuanto más tardemos en tomar las decisiones más se secara el cemento. Y antes de darnos cuenta, estaremos inmovilizados.
Esa falta de fe nos pasará factura a todos los niveles. Con la mente nublada por las dudas, hará más difícil realizar una toma de decisiones correcta. Evitará que resultemos convincentes a colaboradores y en el peor de los casos les contagiaremos  dudas y miedos. Por supuesto, podemos olvidarnos de conseguir socios o financiación.
Podemos ser analíticos y usar DAFO´s, estudios de mercado, análisis y segmentación de nuestros clientes potenciales. Analizaremos ratios hasta quedarnos ciegos y teorizaremos sobre las fluctuaciones del mercado hasta quemarnos las cejas… pero independientemente de lo que esta información arroje, si no somos capaces de salir de nuestra zona de confort y arriesgarnos nunca haremos nada.
Así que, abreviando, hagamos acopio de nuestros arsenales, de nuestra fuerza e ilusión porque vamos a tener que superar muchos obstáculos. Pueden estar en el entorno, en las Administraciones pero, sobre todo, en nuestra cabeza.
Siéntate. Respira hondo y mira dentro de ti. Reconoce al enemigo y prepara tus defensas. Convierte a ese Enemigo Tuyo en tu Mejor amigo. 

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