martes, 30 de abril de 2013

No lo niegues. Las ves por todas partes. En todos los ámbitos y situaciones. Estamos en el tiempo de las puertas cerradas. Mires por donde mires están.. y si no lo has hecho... empieza a mirar ahora y las verás. Puertas de Comercios de toda la vida cerradas con vistosos y decorativos carteles de "SE ALQUILA" o "SE VENDE". Aunque este tema ya lo traté en #ProtecciónAlMenor y ahora quiero hablar de otras puertas no tan... físicas y tangibles.

Podría hablaros de las puertas de la vida, de los caminos no tomados que ahora están cerrados. Conozco a muchas personas que se lamentan de no abrir la puerta de los idiomas, o de los estudios en general, o de las nuevas tecnologías (incluyéndome a mi mismo). Podría ser mas sensible y profundo hablando de situaciones personales y de la necesidad de cerrar puertas del pasado para seguir hacia un incierto futuro.
Pero... no. Voy a hablar de puertas que cruzamos todos los días. Las puertas que parece que nos dejan entrar pero en realidad están cerradas a cal y canto.
De primeras, voy a escoger la puerta de nuestro banco. Esta abierta, puedes cruzar del exterior al interior, puedes hacer cola o realizar gestiones en sus cajeros. Pero... sin embargo es una ilusión. El sistema bancario esta cerrado. El corte del grifo crediticio (generado en muchos casos por un sinfín de desmanes y terribles gestiones) ha provocado una avalancha de puertas cerradas, de negocios, de fabricas, a los sueños de emprendedores y si cogemos con pinza el tema de la preferente también ha cerrado las puertas de los sueños de familias hacia un futuro estable y seguro.
Sigo con unas señoras puertas democráticas guardadas por leones capados. Las del Congreso. Esas puertas están cerradas a las personas, a los ciudadanos. Un organismo que debería trabajar por el bienestar social ha demostrado ser una casa de putas (con respeto a la mas antigua de las profesiones que no se merecen semejante comparación) y ratas. Con unas leyes orientadas a protegerse a si mismos y a su calaña (amén de chupar del ya pobre tarro de los presupuestos). El ciudadano de a pie se encuentra con puertas cerradas a la hora de querer reclamar sus derechos. En este caso, ni siquiera podríamos llegar a tocar las puertas porque varios cientos de guardias pretorianos las protegen.
Y que decir de los accesos a hospitales y juzgados... con una sanidad recortada y una pseudo justicia en la que el pobre queda indefenso y solo aquel que tiene dinero queda protegido... cuando tienes que pagar por un derecho básico, deja de ser derecho y quien así gana deja de ser un profesional y se convierte en un... mercenario. Esas puertas también están cerradas para muchos.
Puertas, puertas, puertas... Escuelas para los niños, Universidades para los jovenes, Residencias para los ancianos. Cerradas a cal y canto y nadie sabe si volverán a abrirse.

Pero hay una puerta más. Una que no puede dejarnos indiferente. Es esa puerta que siempre esta ahí, cuando todo va mal... corremos a cruzarla porque nos protege y nos cuida. Es la de nuestra casa y por desgracia muchas familias han descubierto que tienen que cruzarla para salir y nunca mas volver.

Y al final esto es lo que pienso de las puertas cerradas. Las bisagras son de dos direcciones y lo que esta cerrado.. no permanecerá así para siempre. Antes o después  encontraremos la forma de abrirlas, de forzarlas o de tirarlas abajo (como hace la policía cuando ejecutan un desahucio). En algún momento saltará la chispa que hará que la vida se convierta en una jornada de PUERTAS ABIERTAS. No lo dudes.

Para terminar este post... Si alguien te dice que cuando se cierra una puerta se abre una ventana... recomiendo prudencia. Las ventanas suelen estar muy altas como para correr a cruzarlas y no son una salida aceptable.

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